Quenya: A Man-made Language

The Lord of the Rings

Time and time again has literature proved to be of great influence in the evolution of languages. Authors such as Shakespeare have changed the meaning of several words by the way they employed them, most of which we still use on a daily basis; other authors, particularly science-fiction writers have either invented or popularized terms meant to describe the amazing phenomenon their stories revolved around (i.e.: ‘robot’, ‘spaceship’, ‘atomic bomb’). 

Some authors, however, took it one step further and not only did they influence existing languages, by they created one (or in the case of this specific author, more) brand new language, equipped with its own grammar rules. Let us take a look at one of the many languages this writer has created on his own accord: Quenya, by J.R.R. Tolkien. 

Tolkien is most known for the Lord of the Rings trilogy and The Hobbit, its prequel. Even though these books are the main testament of the Quenya language being employed —for it is used by Elves in the author’s fictional world—, they only offer a glimpse of the very intricate construction Tolkien spent decades working on and of which he published a fair number of writings. 

Here are just some of the many aspects that make it seem unbelievable that this complex language should be the invention of one man alone:

1) Quenya has its own ‘history’ both fictional and real. According to Tolkien’s fiction, the Elves at first shared a common language called Quenderin, also known as Primitive Quenyan. Among some Elves, Primitive Quendian became Common Eldarin. Some of those Eldar Elves in turn founded the great city of Tirion, where they developed Quenya.

Quenya’s older form is called Old or Ancient Quenya, of which existed two slightly different dialects: Noldorin Quenya and Vanyarin Quenya. The use of Quenya has expanded over the years as new words have been created by fans of Tolkien, forming a Neo-Quenya language that is based on the writer’s original language, which he never fully developed for it to be suitable for colloquial conversation. 

3) It has its own syntax. Despite being an inflectional language like Latin, Quenya has word order rules. The usual structure is subject–verb–object.

4) Its verbs have very complex conjugations. Not only are there regular and irregular verbs, there are also what Tolkien defined as ‘impersonal verbs’, meaning verbs to which no pronoun is attached. Since pronouns in Quenya exist as both independent forms and suffixes, they affect the conjugation of verbs, not only in their tense but also when negating them. 

5) It has moods. Quenya actually possesses not just the indicative mood, but also imperative (to form a command or request) and even optative (for hopes and wishes). They are expressed by particles, meaning words whose function is only to impart a meaning and therefore do not belong in any grammatical world classes. 

The list could go on forever, as it would with any other language, which makes Tolkien’s work all the more fascinating. An organically created language takes centuries, sometimes even millennia to develop and to establish firm grammatical rules. This writer, however, in his infinite wisdom and imagination, managed to create an almost fully developed one in roughly half a century. 

Quenya: una lengua creada por el hombre

 Una y otra vez la literatura ha demostrado tener una gran influencia en la evolución de las lenguas. Autores como Shakespeare han cambiado el significado de varias palabras por la forma en que las emplearon, la mayoría de las cuales todavía las usamos a diario; otros autores, en particular los escritores de ciencia ficción, han inventado o popularizado términos destinados a describir el asombroso fenómeno en torno al que giraban sus historias (es decir, «robot», «nave espacial», «bomba atómica»).

 Sin embargo, algunos autores dieron un paso más y no solo influyeron en los idiomas existentes, sino que crearon uno (o en el caso de este autor específico, más) idioma completamente nuevo, equipado con sus propias reglas gramaticales. Prestemos atención a uno de los muchos lenguajes que este escritor ha creado por su propia cuenta: Quenya, por J.R.R. Tolkien.

 Tolkien es más conocido por la trilogía El señor de los anillos y El Hobbit, su precuela. A pesar de que estos libros son el principal testimonio de la lengua quenya viva —porque la usan los Elfos en el mundo ficticio del autor—, solo ofrecen un panorama general a la muy intrincada construcción en la que Tolkien pasó décadas trabajando y de la que publicó un gran número de escritos.

Estos son solo algunos de los muchos aspectos que hacen que parezca increíble que este complejo lenguaje sea la invención de un solo hombre:

 1) El quenya tiene su propia «historia» tanto ficticia como real. Según la ficción de Tolkien, los Elfos al principio compartían un lenguaje común llamado Quenderin, también conocido como Quenyan Primitivo. Entre algunos elfos, el quendiano primitivo se convirtió en eldarin común. Algunos de esos Elfos Eldar, a su vez, fundaron la gran ciudad de Tirion, donde desarrollaron el Quenya.

 La forma más antigua del Quenya se llama Quenya Antiguo o Antiguo, de los cuales existían dos dialectos ligeramente diferentes: Quenya Noldorin y Quenya Vanyarin. El uso del quenya se ha expandido a lo largo de los años a medida que los fanáticos de Tolkien han creado nuevas palabras, formando un idioma neo-quenya que se basa en el idioma original del escritor, que nunca desarrolló completamente para que sea adecuado para una conversación coloquial.

3) Tiene su propia sintaxis. A pesar de ser un idioma flexivo como el latín, el quenya tiene reglas en el orden de las palabras. La estructura habitual es sujeto-verbo-objeto.

4) Sus verbos tienen conjugaciones muy complejas. No solo hay verbos regulares e irregulares, también existen lo que Tolkien definió como «verbos impersonales», es decir, verbos a los que no se les añade ningún pronombre. Dado que los pronombres en Quenya existen tanto como formas independientes como en el caso de los sufijos, afectan la conjugación de los verbos, no solo en su tiempo sino también cuando los niegan.

5) Refiere a estados de ánimo. En realidad, el quenya posee no solo el modo indicativo, sino también imperativo (para formar una orden o solicitud) e incluso optativo (para esperanzas y deseos). Se expresan por partículas, es decir, palabras cuya función es solo impartir un significado y, por lo tanto, no pertenecen a ninguna clase gramatical del mundo.

La lista podría continuar indefinidamente, como lo haría con cualquier otro idioma, lo que hace que el trabajo de Tolkien sea aún más fascinante. Un lenguaje creado orgánicamente tarda siglos, a veces incluso milenios, en desarrollarse y establecer reglas gramaticales firmes. Este escritor, sin embargo, en su infinita sabiduría e imaginación, logró crear una lengua casi completamente desarrollada, en aproximadamente medio siglo.


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Gracias a Camila Binetti por la nota, Cecilia Musis por la traducción, Araceli Sabransky por el diseño gráfico y gestión de redes, y Christian Trappani por la organización.

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